La masa se trabaja a mano
Estirar la masa para tallarines no es un detalle decorativo. Define el mordido, cómo absorbe el caldo y cómo se comporta en el wok. Por eso el trabajo se hace en la barra, a la vista de quien se sienta a comer.
Cocina del norte de China, masa estirada a mano y té guiado en Buenos Aires.
Reservá tu mesaXing Beijing nació como un proyecto gastronómico de barrio en Buenos Aires, con una idea simple: cocinar la comida del norte de China sin atajos. La masa para los tallarines se estira a mano todos los días, las empanadillas se hacen al vapor y los panecillos rellenos salen de la misma cocina que los platos de wok con verduras de estación.
Trabajamos para vecinos y curiosos que quieren sentarse a comer sin pretensiones, mirando cómo se trabaja. En el salón hay una barra desde donde se ve a los cocineros estirar la masa, mesas comunitarias para grupos de amigos y una pequeña biblioteca de revistas sobre cultura de Pekín para hojear mientras se espera.
Para el fin de semana se puede reservar mesa y probar el menú degustación de cuatro pasos, que es la forma más directa de entender de qué se trata esta cocina.
Un comedor de barrio no se sostiene con una idea grande, sino con decisiones chicas que se repiten todos los días.
Abrimos este espacio en Buenos Aires porque nos interesa una cocina que se hace con las manos y con tiempo: masa estirada para tallarines, empanadillas al vapor, panecillos rellenos y platos de wok con lo que llega del mercado. No buscamos una experiencia de lujo ni un menú que no cambie nunca. Buscamos que la técnica artesanal se vea, se entienda y se pueda probar.
Estirar la masa para tallarines no es un detalle decorativo. Define el mordido, cómo absorbe el caldo y cómo se comporta en el wok. Por eso el trabajo se hace en la barra, a la vista de quien se sienta a comer.
Rota cada dos meses según lo que llega del mercado de frutas y verduras. Algunos platos desaparecen por temporada y vuelven más adelante. Las opciones vegetarianas se describen con claridad, sin letra chica.
Los caldos de hueso se reducen largo, sin atajos. Es la base de varios platos y explica por qué no todo se resuelve en pocos minutos. Preferimos cocinar así antes que apurar el resultado.
Hay una barra donde se ve el trabajo de los cocineros, mesas comunitarias para grupos de amigos y una pequeña biblioteca de revistas sobre cultura de Pekín. La idea es que la comida no termine cuando se levantan los platos.
Los sábados damos clases cortas de cocina para gente curiosa, no para profesionales. Y el servicio de té con hojas sueltas acompaña la sobremesa, sin ceremonia rígida, como una forma de estirar la charla en la mesa.
No prometemos resultados ni plazos. Lo que sí podemos decir es cómo trabajamos: producto fresco, técnica a la vista y una carta que se mueve al ritmo de lo que hay.